Estamos en la mitad de un año que partió complicado, donde seguramente muchos de nosotros dijimos, soñamos y nos propusimos muchas cosas.
El terremoto vino a intensificar esas promesas o incluso a cambiarlas en pro de otras escalas de prioridades que seguramente surgieron esa noche. Ad portas de agosto, el mes de los gatos, de los abuelos, de los resfríos –somos el único país donde celebramos pasar y salir de ese mes, ¡plop!–, quizás sea el momento de hacer un espacio para reflexionar y buscar el silencio.
Un buen momento para pensar acerca de la vida y no sólo para vivirla. Para preguntarnos si estamos viviendo como queremos vivir, para ver qué hay que cambiar para poder cumplir los sueños que al inicio de 2010 nos planteamos.
Seguramente con el terremoto dijimos que íbamos a pasar más tiempo con los que amábamos, que íbamos a ver más seguido a nuestros viejos, que las cosas materiales no importaban y que la vida era muy frágil y había que disfrutarla.
La pregunta es si nuestra voluntad ha logrado mantener estos paradigmas o ya nos debilitamos como para justificarnos y decir “que nos agarró el sistema”, cosa que cuando decimos eso no decimos nada.
Tener una buena calidad de vida y vivir como soñamos es posible, sólo depende de estar conscientes y de nuestra santísima voluntad.
Ojalá que estas líneas ayuden a detenerse un segundo, a buscar el silencio, a pensar y volver a construir un sueño, para que cuando llegue diciembre podamos decir que cumplimos con un año que nos hizo crecer, amar, dejar huella y ser más felices.Todavía tenemos tiempo, ¡estamos justo en la mitad!












agosto 05, 2010 a las 13:42
que lindas palabras, me llegaron al corazón
agosto 10, 2010 a las 17:17
Qué linda reflexión… me encanta leer este espacio de Pilar
Espero que llegue diciembre prontito y poder decir eso!
septiembre 02, 2010 a las 15:44
Me encantó la columna…
mayo 26, 2011 a las 10:10
Entonces a ponerme las pilas…