Es abogada, se tituló en la Universidad Católica, y aunque tiene la estampa y los diplomas de sus colegas, Ángela Arancibia se ve más calmada y tranquila que los típicos juristas que se suele ver en los medios. Ello porque su área no es la defensa ni el arbitraje sino la mediación, para lo que se requiere la capacidad de crear el clima para que los involucrados hablen, escuchen e idealmente lleguen a un acuerdo. Ella lo define como “un método alternativo en la resolución de conflictos, una vía extrajudicial en la que pueden decirse con respeto lo que se requiere”.
Sabe que su tarea no es simple, pero le gusta este constante desafío. A través del Centro de Mediación Integral Mediale, del cual es directora ejecutiva, atiende desde el año 2006 a quienes tienen dificultades para lograr un consenso en áreas como la familiar, de salud, organizacional, laboral, comunitaria y escolar. También llegan a ella parejas que buscan conversar y aclarar dudas antes de que se produzcan roces durante el matrimonio. En esta tarea mezcla información de tipo legal con herramientas de tipo sicológico, como inteligencia emocional, imaginería, humor, liderazgo, etcétera. Complementa este trabajo con el apoyo de diferentes técnicas, como reiki, programación neurolingüística, terapia floral y talleres de desarrollo personal, con el fin de aportar otra ayuda en la forma de enfrentar los conflictos.
Y aunque desconoce si hay más instituciones dedicadas exclusivamente a la mediación, la suya sí es la única en que se reúnen diferentes disciplinas.
Casada hace 30 años, Ángela tiene cinco hijos que van desde los 28 a los 14 años y un nieto de 7. Disfruta con la lectura y practicando pilates y su cercanía con el mundo de las leyes viene en su ADN, ya que pertenece a una familia de abogados en que su abuelo, padre, hermano y tíos desarrollan la misma profesión.
Desde hace cinco años se dedica exclusivamente al tema de los conflictos y cuenta que “cuando estudié mediación me di cuenta de que siempre la ejercí, aunque sin saberlo, ya que buscaba puntos de acuerdo y la empatía”.
Durante mucho tiempo se desempeñó en forma particular, hasta que sintió la necesidad de canalizar toda su experiencia en un solo lugar. Para eso creó un espacio de encuentro, Mediale, al que le dedica su tiempo en jornada completa, pero con un horario flexible.
Con ella trabajan cerca de diez personas, que la apoyan en las diferentes tareas que involucra su labor. Además, los mediadores que integran el equipo se encuentran registrados y acreditados ante el Ministerio de Justicia y la Superintendencia de Salud, ya que esta tarea se relaciona en algunos casos con instituciones públicas.
Para dedicarse a esta labor obtuvo un diplomado en la Universidad de Valparaíso y luego complementó su aprendizaje a través de cursos, talleres y seminarios en Chile y en el extranjero. Para ejercer como tal no se requiere de una determinada profesión, pero sí contar con ocho semestres en el área de familia y diez en salud.
¿Cuál es tu labor como mediadora?
Facilito las condiciones para que las personas lleguen a un acuerdo.
¿Haces las veces de árbitro?
No, porque el árbitro decide, y en este caso eso no ocurre.
¿Qué es necesario para lograr un acuerdo?
Saber de comunicación, de manejo de conflictos y de negociación.
¿Por qué ayuda la presencia de un tercero para lograrlo?
El hecho de ser imparcial ayuda a ver los intereses, a descubrir y a acercar posiciones.
¿Qué te enseñaron para enfrentar una mediación?
A respetar los principios básicos de la mediación: escuchar activamente, observar, abrir los relatos a historias alternativas, manejar las emociones, generar cambios, fomentar la creatividad, utilizar la empatía, respetar el proceso, conocer la regulación legal, ciclos y mapas familiares, entre muchos otros tópicos.
¿Hasta qué punto te involucras?
Entiendo que ocupo un lugar en el sistema en el cual estoy facilitando la comunicación y que no necesariamente voy a estar ajeno a él. Sin embargo, sostengo la imparcialidad de mi metodología de trabaj manteniendo el foco en el conflicto y el liderazgo en el procedimiento.
¿Cómo es posible no tomar partido?
Se logra a partir de la creencia en la bondad intrínseca del ser humano y que detrás de toda conducta humana existe un objetivo positivo para el que la realiza y un escenario donde esa conducta es apropiada.
¿En qué áreas se puede utilizar la mediación?
En cualquier tema en que las partes deseen lograr un acuerdo. Por ley Auge se puede aplicar en salud, también se estableció por Ley del Matrimonio Civil y desde diciembre pasado se considera obligatoria en tres temas: alimentos, cuidado personal (tuición) y cuidado directo y regular (visitas).
¿Cuáles son las áreas más complejas?
La que involucra lo emocional y la de la familia, porque en general hay mucho dolor.
¿Qué es lo más gratificante de trabajar en esta área?
Ver cómo las personas se van acercando y empatizan con el otro. Al principio llegan enfrentados y, en algunos casos, después se van transformando en un equipo con un objetivo en común.
¿Y acostumbramos a recurrir a la mediación?
Por desconocimiento, los chilenos no solían recurrir a la mediación. Actualmente se está produciendo un cambio cultural, en el cual las personas han ido conociendo los beneficios de ésta, al ser una etapa prejudicial obligatoria en algunos casos.
¿Qué ocurre luego del acuerdo?
Se realiza un documento ante notario, una escritura pública. Esto tiene valor de sentencia ejecutoriada, y si no se cumple el compromiso se puede exigir su cumplimiento al tribunal.
¿El ser mujer ayuda a la hora de mediar?
Creo que es algo que se tiene al margen del sexo, porque hay diferentes estilos. Me ha pasado que los hombres sienten que uno puede lograr una cercanía mayor.












julio 05, 2010 a las 14:54
Ejemplo de emprendedora y de que hacer lo que más te gusta siempre dará frutos! felicidades!