Sin duda, las vacaciones son la época del año que todos esperamos con ansias. No sólo porque nos da la oportunidad de descansar, sino porque nos permite disfrutar con nuestra familia y amigos momentos únicos.
Por eso mismo, en estos meses solemos invitar más a nuestra casa y si ésta está ubicada fuera de la ciudad lo más probable es que sea muy apetecida por tus cercanos. Para evitar convertirla en un hotel, debes recurrir a la prudencia a la hora de invitar. Generalmente, la ofrecemos a todos nuestros amigos y familiares, sin pensar que en muchos casos, las personas se tomarán al pie de la letra la invitación. Recuerda que también es tu minuto para descansar y el tener visitas exige estar pendientes de ellas, lo que te impedirá relajarte completamente.
Los invitados, incluso los de paso, deben ser anunciados con cierta antelación. Aunque pueden aparecer amigos o familiares de forma inesperada, cuando tengas un almuerzo o cena, o cualquier otro compromiso, tanto en casa como fuera; siempre debes estar preparada, pues la residencia de vacaciones suele ser el “blanco” de visitas sorpresa.
Un buen anfitrión
Debes poner sábanas limpias en las habitaciones, una toalla limpia, dejar un clóset o espacio libre para que los invitados acomoden sus cosas y tener la pieza en perfectas condiciones.
Asimismo, si tienes un compromiso programado durante el periodo en que estarán los huéspedes, hay que avisarles antes para que planifiquen ese día y tengan en cuenta de que no estarán con ustedes.
En cuanto a la comida, si se trata de una visita sorpresa, puedes salir del paso con unas brochetas o canapés, y otro plato de preparación sencilla: una ensalada, una tortilla de papas o platos similares serán suficientes. Si el presupuesto lo permite, se puede pedir comida.
Como anfitrión siempre deberás tener en cuenta ciertos aspectos básicos de cortesía para hacerlos sentir cómodos.
Se debe estar atento a todos los detalles para evitar que cualquier imprevisto estropee su estadía.
Un buen invitado
Si estás al otro lado de la moneda, debes seguir ciertos comportamientos básicos que harán que tu visita no sea una molestia para los anfitriones. En este caso, el criterio es el mejor aliado; no hagas nada que creas pueda incomodarlos o molestarlos.
La prudencia y discreción serán tus mejores armas, por mucha confianza que tengas con los anfitriones.
Tienes que tener presente que recibir visitas genera un gasto extra, por lo tanto hay que estar dispuesto a llevar comida, dulces, regalos, etc., cosas que amorticen lo que ellos hacen por ti.
Durante toda la estadía debes tener presente:
- Que en casa ajena gozas de menos libertad que en la tuya.
- Procura hacer por ti misma todo aquello que no necesite la intervención de las personas de la casa como hacer la cama, dejar ordenado el baño después de ocuparlo y tender las toallas al sol, entre otras cosas.
- Se debe respetar los usos y costumbres de la familia, aunque no vayan con tu forma de ser.
- Jamás entres en las piezas interiores de la casa, y mucho menos en aquellas que sirven de dormitorios.
- Trata con dulzura a los empleados, manifiéstales siempre tu agradecimiento por los servicios que te dan.
- Si después de haber regresado a tu casa quieres hacer un obsequio a las personas que te hospedaron, no elijas nunca algo demasiado costoso.












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