Por: Michèle Labbé

Economía & finanzas

Finalmente somos miembros de la OECD

Comenzamos el 2010 con el pie derecho. Nuestro pequeño y largo país, ubicado al final del mundo, fue invitado por la puerta ancha a ser miembro de un selecto club.
La OECD (Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico) está compuesta ahora por 31 países, incluyendo Chile, y tiene como fin coordinar sus políticas económicas y sociales, con el objetivo de maximizar su crecimiento económico y coadyudar a su desarrollo y al de los países no miembros. En efecto, la OECD define sus objetivos como:

  • Realizar la mayor expansión posible de la economía y el empleo y un progreso en el nivel de vida dentro de los países miembros, manteniendo la estabilidad financiera y contribuyendo así al desarrollo de la economía mundial.
  • Contribuir a una sana expansión económica en los países miembros, así como no miembros, en vías de desarrollo económico.
  • Favorecer la expansión del comercio mundial sobre una base multilateral y no discriminatoria, conforme a las obligaciones internacionales.

Más allá de lo atractivo que pueda sonar el que hayamos sido invitados a formar parte de este club, lo interesante es que con ello, Chile adquiere varios compromisos.
El primero, a mi juicio el más importante, es que se compromete a regir su economía bajo las reglas del mercado.
No se equivoquen, eso no significa laissez faire, sino que las autoridades deben procurar que los incentivos económicos funcionen y sean los privados, quienes buscando su propia utilidad, maximicen la de la sociedad como un todo. Significa que en vez de hacer crecer el Estado, lo debemos hacer más eficiente. En la medida de lo posible, los objetivos deben estar en dar oportunidades para todos y no en dar bonos. Y digo, en la medida de lo posible, porque no es contradictorio con el mercado el proveer una red de protección social para aquellos que, pese a contar con las oportunidades, no son capaces de generar las condiciones mínimas de subsistencia.
El segundo, es que Chile se compromete con el crecimiento. Pareciera ser que, desde hace algunos años, hablar de crecimiento económico es malo, es como renegar de aquellos que se encuentran en condición de pobreza, y ese es un error garrafal. Los números son objetivos, no mienten. La manera más rápida y eficiente de erradicar la pobreza es por medio del crecimiento económico. Los refranes populistas de algunos respecto a una igualdad por sobre el crecimiento, no son más que politiquería barata. La realidad es que si queremos una sociedad con menos pobreza, más igualitaria en términos de oportunidades, el método más rápido es el del crecimiento económico.
Finalmente, a mi juicio, otra ventaja importante de haber sido invitados a ser parte de esta agrupación, es que por fin vamos a dejar de compararnos con nuestros vecinos, que por muy bien que nos caigan, la verdad es que en términos económicos son más bien mediocres. Entonces, dejaremos de compararnos con los mediocres y comenzaremos a compararnos con los buenos, sólo así nos pondremos metas acordes a nuestra capacidad. Hemos demostrado que somos capaces, pero después de un tiempo nos dormimos en los laureles y lo peor es que con ello dejamos a merced de nuestro letargo, a aquellos que aún no podían salir de su situación de pobreza.
Que esta invitación sea una brisa de aire fresco que entre a nuestro país y nos entregue nuevos bríos para comenzar el Bicentenario pensando en grande, como desarrollados y actuando acorde con ello. Se lo debemos a los más desposeídos y se lo debemos a nuestros hijos.

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